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Despedida para Carlos Fuentes

18 de Mayo de 2012 -

Conflicto colombiano

 

Por Rosario Puga.

Como se agrandan los abismos de soledad  con la muerte de  algunos . La reflexión se impone ante la noticia de la muerte de Carlos Fuentes, uno de los últimos grandes intelectuales que imagino los destinos de nuestra América latina en tiempos en que la historia estaba en movimiento y los procesos históricos obligaban a debatir los destinos de esta vastedad que  compone nuestra región.

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Al momento de  su muerte el escritor y ensayista venia llegando de Argentina, donde  visito la feria del libro de Buenos Aires. Ahí explicó que mientras tuviera proyectos, y los tenía a puñados, jamás sometería su vida a la melancolía de la muerte. Pero la muerte lo alcanzo viviendo, lo que a los 83 años es un mérito por sí mismo.

Al momento de morir escribía en el diario español el País donde daba forma a sus reflexiones sobre el mundo que convocaba su narrativa, un mundo que  como recuerda la redacción del periódico lo tenía perturbado. "Perturbado su país, perturbado el mundo, perturbado el universo personal que lo animó algún día, Fuentes era un escritor, una mente buscando en las ficciones la explicación del mundo". Señala la publicación que fue el soporte de  divulgación de su pensamiento crítico. Una producción hecha con voluntad de  ser escuchada no encerrada en la complejidad académica.

En lo personal me pesa que desaparezca su figura de caballero bien comportado, con cierto don para recrear el particular tipo de vida de quienes  buscaban vivir desde el  goce para penetrar en el dolor. Su vejez estuvo marcada  por las pérdidas, perdidas  personales que no doblegaron una vitalidad  intelectual que escudriño en la muerte  con mucha dedicación. En el último tiempo había expresado su duelo  por  un México que se  termino doblegando  frente a una modernidad deshumanizada, donde los rastros de su  desarrollo intelectual también terminaron eclipsados. Pero las culpas de su México natal no eran  más que  las de  otros gigantes. 

Durante su intervención en la 38ª Feria del Libro de Buenos Aires (la que sería su última intervención  pública), Expreso: "Novela e historia se han peleado y se han necesitado. No hay novela sin historia, aunque hay historia sin novelas. Ninguna novela puede prescindir de una historia, de una ciudad: Dublín, México o Buenos Aires. Cuando leí Pedro Páramo, me dije: ‘Ya no se puede escribir más, esto es insuperable. Pero pensé que no se escribía sobre una ciudad que entonces tenía 5 millones de habitantes’", citando así el nacimiento de La región más transparente, su primera novela que es mi juicio la más personal de toda su producción.

Creo que con Fuentes muere también una cierta idea  sobre la ubicación de México en la producción de la historia y la identidad latinoamericana. Una noción que ha cumplido una función gravitante  a la hora de nombrar su historia como historia del continente. En esa  dirección la escritura de Fuentes se nutría al igual que la de Rulfo o la de Paz de una vocación nunca nombrada.

Respecto a este punto es bueno revisar su discurso de aceptación del premio Cervantes  que le fue concedido el año 1987 "México es mi herencia, pero no mi indiferencia; la cultura que nos da sentido y continuidad a los mexicanos es algo que yo he querido merecer todos los días, en tensión y no en reposo. Mi primer pasaporte -el de ciudadano de México- he debido ganarlo, no con el pesimismo del silencio, sino con el optimismo de la crítica. No he tenido más armas para hacerlo que las del escritor: la imaginación y el lenguaje.La cultura literaria de mi país es incomprensible fuera del universo lingüístico que nos une a peruanos y venezolanos, argentinos y puertorriqueños, españoles y mexicanos. Puede discutirse el grado en el que un conjunto de tradiciones religiosas, morales y eróticas, o de situaciones políticas, económicas y sociales, nos unen o nos separan; pero el terreno común de nuestros encuentros y desencuentros, la liga más fuerte de nuestra comunidad probable, es la lengua -el instrumento, dijo una vez William Butlerler Yeats, de nuestro debate con los demás-, que es retórica, pero también del debate con nosotros mismos, que es poesía”.

Vamos a extrañar una voz  que mantuvo el espejismo de la cultura compartida. Se apaga un hombre que junto a otros doto a nuestro imaginario latinoamericano de autonomía. 

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