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Grecia es un dracma… griego

15 de Mayo de 2012 -

Por Luis Casado

Grecia es un drachma… griego. Eso dicen los que saben, aquellos que día a día mienten, engañan y repiten que para salvar al Titanic lo mejor es acelerar contra el iceberg: agregarle liberalismo a la catástrofe del liberalismo. Desde hace años venimos diciendo que la responsabilidad de la crisis griega no es exclusiva de Atenas. De Goldman Sachs, que falsificó las cuentas griegas, pasando por la Comisión Europea que hizo como si no lo supiera, por Angela Merkel y Nicolas Sarkozy que buscaron alivio donde había tormento, por el BCE y el mundillo de las finanzas saturado de rufianes, y por el de la política, lleno de mediocres patanes sumisos, la pesada responsabilidad debe ser compartida

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Cuando Papandreu, el obediente primer ministro griego, -y en ese momento presidente de la Internacional Socialista europea-, quiso consultar al pueblo griego a propósito de la amarga poción que quería administrarle Europa, Sarkozy y Merkel lo cogieron por la yugular. ¡Consultar al pueblo en el país que inventó la democracia! Qué despropósito… Imponiendo el dogma neoliberal Merkel y Sarkozy no hicieron sino activar una bomba de tiempo. Lo que no le impide a la prensa financiera europea titular ahora: “Cómo Grecia basculó en el caos político en una semana”. ¡No! No en una semana: en años de dogmatismo neoliberal. El semanario alemán Der Spiegel va hasta a poner en portada: “Akropolis, Adieu ! Warum Griechenland jetzt den Euro verlassen muss“. Hay que ser muy caradura.

Una vez que hundieron a Grecia, enriqueciendo a sus bancos -y al Estado alemán- mediante créditos usureros, hay que decirle adiós a Grecia, expulsarla del euro. No saben los cretinos que los tratados europeos no prevén ningún modo de hacerlo. A menos que los griegos decidan salir del euro… nadie puede obligarles. Entretanto, dice la prensa, “Grecia se encuentra en un impasse político que genera pánico en los mercados”. En los mismos mercados que empujaron a Grecia a la situación en que se encuentra. Esquizofrenia pura. No de los griegos: de los mercados. ¿Cuál es el impasse político? Simple. Cuando los griegos pudieron expresar su opinión con relación a las políticas de sus gobiernos socialdemócratas y/o derechistas, les sancionaron drásticamente. Por eso el semanario financiero británico “The Economist” tuvo el descaro de poner en su portada lo que llamó “El talón de Aquiles de Europa”. Para estos genios el punto débil de Europa reside en las elecciones democráticas…

El gran ganador fue ΣYPIZA, el partido de izquierda, que anunció que en caso de victoria denunciaría los acuerdos impuestos por la troika (el BCE, el FMI y la Comisión Europea) para la “ayuda” y el “rescate” financiero de Grecia. Las condiciones no sólo condujeron a la recesión y a la miseria a cientos de miles de familias griegas, sino que además son humillantes e inútiles: la situación no hace sino degradarse. Pero el sistema electoral griego le regala 50 diputados al partido que llega en primer lugar. De ese modo, el derechista partido Nueva Democracia, con 18,85% obtiene 108 escaños, mientras que ΣYPIZA, con 16,78% obtiene sólo 52. Generar una mayoría parlamentaria en esas condiciones es imposible. Ninguna coalición logra reunir la mayoría de 151 diputados para formar gobierno. La eventualidad de formar un gobierno de unión nacional fue rechazada por ΣYPIZA, porque tanto la derecha como la socialdemocracia se acomodan a la dictadura de los mercados financieros. ΣYPIZA propone renegociar los tratados impuestos por la troika, y conducir una política económica que redistribuya el ingreso y genere crecimiento.

Ese es el impasse. El mismo que confronta Irlanda, Portugal, España, Bélgica e incluso… Francia. ΣYPIZA no hace sino proponer lo que Jean-Luc Mélenchon propuso al mismo tiempo en Francia: derrotar a los filibusteros de los mercados financieros, generar un polo financiero público nacionalizando la banca, invertir en la planificación ecológica para producir lo necesario protegiendo el medio ambiente, potenciar la educación y la innovación tecnológica, facilitar el crédito a las Pymes a tasas razonables, aumentar el salario mínimo para generar demanda interna, poner al Banco Central Europeo al servicio de los ciudadanos de Europa, etc. Ningún país de Europa, ni siquiera Alemania, escaparán a la necesidad de poner en práctica estas medidas. La alternativa es más de lo mismo que hemos visto hasta ahora, cuyos resultados están a la vista: desempleo, deuda, recesión, crisis recurrentes, mientras un puñado de privilegiados se distribuye millonarias remuneraciones incluso cuando las empresas que dirigen pierden dinero o sencillamente quiebran.

Es el caso en la misma Alemania de Angela Merkel, que sin embargo no se priva de darle lecciones a todo el mundo. ¿Drama griego? ¡No! Drama europeo. Para hacerle frente no basta con predicar la austeridad para los más, mientras unos pocos se enriquecen escandalosamente, o anunciar cada día, como hace Rajoy en España, más recortes a los presupuestos públicos y la eliminación o la privatización de los servicios públicos.

Hace falta el coraje de entender que el neoliberalismo llevó al mundo a la catástrofe y que es la hora de enterrarlo. Definitivamente.

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