
foto@ United Nations Development Programme
Hace un año, Haití fue afectado por un violento seísmo que causo más de 250.000 mil muertos, más de 300.000 heridos, 1 millón 500 mil de desplazados y daños materiales considerables. Las consecuencias del sismo llevaron a Naciones Unidas a catalogarla como la catástrofe más grave registrada en el mundo durante los últimos cien años.
El mundo entero manifestó su solidaridad con el fin de responder a la crisis humanitaria que vivía el pueblo de Haití. Un año después la situación del pueblo haitiano sigue siendo extremadamente difícil. Más de un millón de personas viven aún en las calles en carpas, expuestas a toda clase de riesgos vinculados al clima, la insalubridad y la inseguridad. A eso se añadió una epidemia de cólera que ya mató a más de 3.000 personas en las zonas rurales y barrios más pobres de la capital.
La amplitud de las pérdidas causadas por el terremoto y catástrofes como la epidemia de cólera, son en parte el resultado de un pasado histórico caracterizado por una colonización donde se exportaron las riquezas naturales en beneficio de las grandes potencias de la época y de la imposición de políticas anti-populares por parte de potencias extranjeras e instituciones financieras internacionales.
A nivel interno la sucesión de dictaduras militares y civiles contribuyó a debilitar al Estado, que no tenía ninguna política social ni un modelo económico destinado al cambio de condiciones de vida de la población.
A partir del principio del Siglo XX, bajo la influencia de los Estados Unidos que ocupaban a Haití, el territorio se reorganizó en torno a la capital y se promovió el éxodo rural, sin que se hayan desarrollado actividades económicas urbanas. Los actuales problemas habitacionales son el reflejo de esta política. El terremoto del 12 de enero de 2010 encontró a Haití con una gran concentración demográfica en torno a Port-au-Prince, que se construyó para 250.000 habitantes, y antes del sismo contaba con más de 3 millones de habitantes sin que existiera ningún programa de viviendas sociales.
La tragedia vivida por Haití en este primer año de reconstrucción dejan en evidencia las profundas desigualdades del desarrollo global que condena a pueblos enteros a vivir en la dependencia. Este panorama, nos obliga a mirar las políticas de cooperación internacional y como estás contribuyen con un desarrollo social integral y sustentable.
A un año del terremoto, las promesas de ayuda para la reconstrucción llegan con mucha cautela y se desembolsa solo el 42% de los fondos prometidos, mientras que las necesidades de vivienda y salud de amplios sectores de la población no han sido cubiertas.
A raíz del terremoto en Haití, el 12 de enero de 2010, AMARC decidió utilizar la experiencia acumulada por las radios comunitarias con el fin de apoyar el restablecimiento de las radios en las regiones afectadas. Con motivo de este primer aniversario de la catástrofe, AMARC renueva su solidaridad con el pueblo haitiano y su movimiento de radios comunitarias que nos impulsa a reafirmar la soberanía y la autodeterminación de los pueblos en su lucha por construir en medio de la adversidad una sociedad más justa.
A través del servicio a sus miembros, el trabajo en redes y el desarrollo de proyectos, la Asociación Mundial de Radios Comunitarias, AMARC reúne una red de más de 4,000 radios comunitarias, Federaciones y aliados de radios comunitarias en más de 115 países. El principal impacto global de AMARC desde su fundación en 1983, ha sido de acompañar y apoyar el desarrollo de un sector mundial de radiodifusión comunitaria que ha democratizado el sector de medios de comunicación. AMARC aboga por el derecho a la comunicación a nivel local, nacional e internacional y defiende y promueve los intereses del movimiento de las radios comunitarias a través de la solidaridad, el trabajo en redes y la cooperación.
Compartir es mejor!. Salvo indiquemos lo contrario, nuestros contenidos están bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 2.0. 